La defensa no hace pie
Mientras en ofensiva, se buscaba inquietar al arquero Cejas; cuando la pelota superaba la mitad de cancha hacia atrás, no había respuesta acertada por parte de los jugadores bodegueros.
Si antes Godoy Cruz se caracterizaba por el buen despliegue de su defensa y por las increíbles atajadas de Ibáñez; ahora ninguno de los dos elementos forma parte de aquel equipo al cual ningún contrincante deseaba tener en frente.
Con Chacarita se cometieron todos los errores posibles, lo que permitió que el “funebrero” se quedara con el partido que era de seis puntos. Y para el colmo de males, una nueva expulsión se sumó como antecedente en los dirigidos por Trossero.
Igual el tema de las expulsiones merece un párrafo a parte. Si un técnico ve que sus jugadores han sido amonestados…por sentido común; no se supone que debería cambiarlos para evitar quedarse con un jugador menos?
Hoy fue el caso de Carlos Valencia a quien Maglio le permitió que jugara unos minutitos más en la cancha antes de ser reemplazado.
La defensa no llega a conectarse, van dos o tres jugadores con el mismo contrincante; y ahí queda en ventaja el adversario. Y para rematarla; está sufriendo del síndrome de diez jugadores, por lo que hace varios encuentros termina defendiendo con uno menos.
En Godoy Cruz sólo hay una nube de interrogantes, entre los cuales debería estar la idea de dejar descansar a aquellos jugadores que dejan en desventaja a su equipo al ser expulsados.
En primera división; estos errores no pueden cometerse por el simple hecho que este campeonato ha sido de lo menos productivo y mediocre para el Tomba.
Tres expulsiones en un mismo campeonato es demasiado para un solo jugador; y lo menos promisorio es que como premio luego de ver una tarjeta roja vuelve a la titularidad sin pagar ningún precio por no ser más inteligente a la hora de marcar.
El Tomba ha perdido la capacidad de mantenerse concentrado hasta que el árbitro pita el final del partido. A lo cual se agrega, la especialidad de un arquero que pretende sacar las pelotas peligrosas con sólo mirarlas; dejando atrás esa “locura” que lo impulsaba para abandonar los tres palos y jugarse la vida en cada pelota.







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